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La Motivación de un Grupo Desmotivado

No hay reto más grande para un docente que enfrentarse a un grupo desmotivado y tener que generar en ellos la motivación necesaria para su aprendizaje.

Hace algunos años me enfrenté a un verdadero reto en mi faceta de consultor: una compañía muy grande me invitó a capacitar a un grupo de sus colaboradores para fomentarles las competencias necesarias para realizar un proyecto importante para le empresa.

Sin embargo, desde la primera sesión me di cuenta del gran rechazo que existía entre los colaboradores no sólo al proyecto, sino a los mandos medios y altos de la compañía. Además, había un cuestionamiento muy grande en relación a los procedimientos con los que debían hacer su trabajo.

Era una situación delicada pues por ética yo jamás me atrevería a hablar mal de la empresa que me contrataba, pero desde el inicio me percaté que mucho de lo que me decían los colaboradores tenía gran parte de razón. En otras palabras, estaba “patinando en hielo muy delgado”.

Después de terminar la primera sesión replanteé mi estrategia y enfoque “las baterías” a que lo que aprendieran les sirviera a ellos. Es decir, yo sabía que si ellos crecían como individuos a la larga eso beneficiaría a todos, incluyendo a la empresa.

Y es ahí donde quiero hacer énfasis en que si alguien asimila que un contenido de un curso o taller le es significativo, su motivación cambia. Se convierte en un motor intrínseco y no en algo ajeno a su persona.

Incluso, en la segunda sesión y en las subsecuentes que tuve con ese grupo dejé de hablar de la empresa. No mencionaba las metas u objetivos del proyecto, pero me centré en promover en ellos las competencias que requerirían en éste. Generé juegos y proyectos paralelos que no tenían nada que ver con el corporativo, pero sí con el crecimiento de ellos como individuos y como grupo.

Cuando llegamos a la última sesión y realizamos de manera conjunta la “traducción” de todo lo que habíamos visto al contexto de su proyecto laboral, las cosas fluyeron mucho mejor. Seguía existiendo un desapego a “la marca interna”, pero visualizaron que sus nuevas competencias les daban el sustento para hacer lo que se esperaba de ellos.

Con el paso de las semanas, algunos de los colaboradores mantuvieron contacto conmigo y me dijeron que el proyecto iba “caminando”, aunque se seguían quejando de situaciones internas y ajenas a sus labores.

Honestamente, sin entrar en detalles para no traicionar la confianza de los casos específicos que me confiaron los colaboradores, a los directivos de la empresa les compartí las inquietudes de sus trabajadores, sobre todo en los temas procedimentales.

Mi sorpresa y mi más grande satisfacción recayó cuando a los pocos meses, me volvieron a contratar para ahora hacer una reingeniería de ciertos procesos dentro de la compañía.

¿Cuál fue la única condición que puse? El volver a trabajar esos cambios con ese grupo de trabajadores que ahora ya estaban motivados de forma intrínseca y agregué que dos de los directivos participaran en las sesiones de trabajo.

No voy a mentir diciendo que el clima organizacional se mejoró al 100% por medio de ese segundo grupo de trabajo, pero los procedimientos de los que tanto se quejaban los colaboradores fueron modificados de acuerdo a la realidad que ellos vivían en el día a día, además de que los directivos se sensibilizaron al entender de primera fuente situaciones que desconocían.

Y todo surgió de una decisión como consultor y docente: si no modificaba mi estrategia didáctica y me centraba en situaciones de aprendizaje que los motivaran desde dentro, simplemente no se iba a lograr nada.

Como conclusión te invito a que evalúes si tus clases verdaderamente están motivando a tus alumnos. La motivación es el motor más importante para hacer realidad las cosas. Por lo tanto, ¡no olvides generas situaciones de aprendizaje que les sean significativas!

22/10/2014

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