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La Importancia del Trabajo en Equipo en la Sociedad Actual

Mucho se hablado de la importancia de enseñarles a trabajar en equipo a nuestros alumnos, pero…

¿nosotros mismos cumplimos con ese requisito laboral en toda empresa de la sociedad actual?

“Nadie enseña lo que no tiene”.

Esa es una regla de oro en la educación y es por ello que me sorprende cómo en ocasiones nos paramos frente a un grupo de estudiantes a enseñarles procedimientos o contenidos actitudinales que nosotros mismos no llevamos a cabo al 100%.

En mi carrera profesional en definitiva he cometido errores, pero el más recurrente (hasta hace algunos años) fue el tratar de hacer las cosas siempre a mi modo. Casi siempre estaba convencido que mi visión era la correcta y la podía sustentar con teorías y experiencias pasadas. Y muchas veces resultaba que tenía razón, pero en definitiva nunca me presenté como alguien que hacía equipo.

La vida va poniendo las cosas en su lugar y el nacimiento de mis dos hijos me generaron una transformación personal muy grande y en ese autoanálisis me di cuenta que, aunque mis colegas en la universidad me respetaban, no sentían la confianza de proponerme alguna idea o comentarme cuando consideraban que estaba en un error.

Siempre consideré que en mi pequeño grupo de colaboradores de la universidad se generaba un buen ambiente de trabajo y, por fortuna, así era. Pero hasta mi más cercanos colegas me hicieron ver que si bien en ese pequeño grupo era más abierto al diálogo, cuando se trataba de gestionar proyectos con otros departamentos era un tanto inflexible.

Esa experiencia me costó (y me sigue constando) una merma de imagen porque aunque he moderado mi “estilo” y trato de ser más colaborativo en las juntas, tardaré años en lograr quitarme ese “estigma” del “sabelotodo que hace las cosas a su manera”.

Este contexto personal que les he compartido, me permite dar más peso a dos experiencias recientes que vienen a colación al título de esta colaboración. Hace unas cuantas semanas me encontré en una situación en la que tenía que enseñar a un grupo de colaboradores de una empresa a cómo trabajar en equipo. El contenido del curso no giraba en torno a ese tema, pero sí se había solicitado que se incluyera un módulo en relación a ese tópico Yo mismo me cuestioné si era la persona indicada para enseñar esa parte del temario y hasta pensé en asignar esa unidad a otro consultor, pero decidí hacer otra cosas: contarles mi experiencia y generarles proyectos que les forzaran a evitar los errores en que yo había incurrido. El resultado fue muy positivo y me sentí muy tranquilo porque al contar mi propia vivencia pude sentar las bases de un maestro congruente que sabía (por malas experiencias) de lo que estaba hablando.

Pero la segunda narración que quiero hacerles me ha dejado un gran sabor de boca y me permitirá (la siguiente vez que dé ese curso) enseñar ese parte del temario bajo una perspectiva más positiva. Hace unos cuantos días en la consultoría en la que soy socio nos enfrentamos a un reto mayúsculo: teníamos que preparar varias ponencias tipo taller en un periodo de tiempo muy reducido y fue donde decidí poner en práctica lo que acababa de enseñar en el aula sobre el trabajo en equipo.

Literalmente, durante dos semanas reasignamos funciones y sin descuidar la parte operativa de la empresa, tres de los socios nos pusimos a trabajar en pos de un objetivo común. La verdad es que pude decir que quien iba a dar los talleres preparara todo (como había ocurrido en otras ocasiones), pero sabía que si uníamos las habilidades y competencias de cada uno el resultado sería mejor.

Así fue como uno se centró en el contenido y la estructura pedagógica de las ponencias, otro en la producción visual del material de apoyo y otro en las dinámicas de grupo y en los ejemplos vivenciales que dieran fuerza al contenido teórico de la presentación. Hubieron noches en vela, videoconferencias a altas horas de la noche desde puntos del país distintos y otras tantas sesiones nocturnas de trabajo (con pizza incluida, claro está).

¿El resultado? Un éxito increíble en las ponencias, un cliente muy contento que nos ha generado más proyectos y un grupo de trabajo que se consolidó todavía más. Esta experiencia me permitió vivir en carne propia lo que es negociar, poner en común y ceder en pos del proyecto. Pero, sobre todo, me dejó la sensación de ahora sí poder decir que “enseño lo que tengo: el trabajo en equipo”.

¿Estás listo para buscar esa congruencia entre lo que enseñas y haces?

¡Hazlo y verás los resultados!

16/10/2014

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