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¿Hay necesidad en medir el IQ por parte del área de Recursos Humanos?

¿Es necesario que en Recursos Humanos se conozca el IQ de los colaboradores o esas pruebas tienen sesgo?

Alfred Binet un psicólogo francés, creó la primera prueba moderna para medir la inteligencia en 1905 con el apoyo de Theodore Simon. Lo anterior fue motivado por una ley de 1904 que requería que todo niño fuera educado en la escuela. Pero algunos niños no eran capaces de soportar la carga de trabajo que la escuela requería y el gobierno francés necesitaba determinar qué hacer con esos estudiantes.

Fue en ese momento que Alfred Binet y Theodore Simon desarrollaron la Escala de Inteligencia Binet-Simon con el fin de identificar aquellos niños que no eran capaces de soportar la carga de trabajo de la escuela para que pudieran recibir apoyo adicional o que se les canalizará a escuelas diferentes (Myers, 2008, p.1).

No deja de ser paradójico que una ley con espíritu reformador y que pretendía que todos los niños tuvieran acceso al derecho universal de asistir a la escuela, generara la separación de aquellos que no estuvieran dentro de un estándar determinado. La prueba Binet-Simon fue objeto de una serie de mejoras, primero por sus propios autores y luego por otros psicólogos que fueron incorporándole otros elementos. La misma Myers (2008, p. 2) nos comenta:

En 1912 el psicólogo alemán William Stern acuñó la frase “coeficiente intelectual”, a veces mejor conocida en la actualidad como IQ…  Lewis Terman, un profesor de psicología estadounidense de la Universidad de Stanford, revisó la Escala de Inteligencia Binet Simon en 1916. Esta revisión hacía que los estudiantes tuvieran que demostrar su competencia en muchas áreas diferentes, incluyendo comprensión del lenguaje, la coordinación entre ojo y mano, razonamiento matemático y memoria. Terman nombró a la combinación de estas teorías y a sus revisiones la Escala de Inteligencia Stanford-Binet, una prueba que sigue siendo utilizada ampliamente en nuestros días.

Como se puede observar, este tipo de mediciones pueden ser catalogadas como pruebas estandarizadas dado que los individuos son comparados contra un estándar general en el cual la mayoría de las personas se encuentran a determinada edad.

Sin embargo, en los últimos años han surgido fuertes cuestionamientos a este tipo de pruebas. Roid, Shaughnessy y Greathouse (2005) piensan que la sociedad no ha considerado otros factores importantes (como la motivación o la perseverancia), dándole demasiado peso a la inteligencia. Además, señalan que las pruebas de inteligencia no pueden medir la creatividad, el potencial del liderazgo o los talentos específicos de los individuos.

¿por qué las escuelas o empresas siguen usando estas pruebas estandarizadas para medir el IQ?

Porque a pesar de que existen otras posturas en torno a la concepción de la inteligencia (como la Inteligencia Emocional o la Teoría de las Inteligencias Múltiples), el problema es que no existe una forma sencilla de “medir” o determinar qué tan inteligente es una persona haciendo uso de esos otros paradigmas.

Por ejemplo, en fechas tan recientes como noviembre de 2010 se publicaba en la revista Social Behaivor & Personality un artículo donde se señalaba que el TMMS, una prueba utilizada para medir la percepción sobre la inteligencia emocional, todavía no había sido validada en grupos juveniles ya que sólo había sido utilizada con población adulta (Salguero y Fernández-Berrocal, 2010).

Sin embargo, y sin menoscabo a estas situaciones técnicas, en nuestra siguiente colaboración en este blog entraremos a otra dimensión sobre el concepto de inteligencia que nos permitirá abordar este apasionante tema bajo otros paradigmas; los cuales nos parecen son más inclusivos y acordes a la realidad actual de las aulas de la Sociedad del Conocimiento; en las cuales se debe de reconocer la pluralidad existente entre personas provenientes de diversos entornos y con visiones heterogéneas sobre el mundo en el que viven.

Myers, S. (2008). Intelligence Scales. Research starters. Academic topic reviews. 1-10. Recuperado noviembre, 21, 2010

Salguero, J.M. y Fernández-Berrocal, P. (2010). Measuring perceived emotional intelligence in the adolescent population: psychometric properties of the Trait Meta-Mood Scale. Social Behaivor & Personality, 38(9), 1197-1210. Recuperado noviembre, 21, 2010

 

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